Giuseppe Cipriani y San Rafael: de la obra al templo del lujo

Durante una recorrida de obra con Punta del Este Internacional, Giuseppe Cipriani, CEO del Grupo Cipriani, puso fecha emocional y concreta al renacimiento del San Rafael: en unos diez meses prevén inaugurar la primera etapa de este mega proyecto, concentrada en la réplica del hotel original, que albergará el hotel, un salón de eventos y un casino de 5.000 metros cuadrados. Tras años complejos, marcados también por la detención que impuso la pandemia, el sueño de devolverle vida a este símbolo de Punta del Este dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad que avanza. Y si algo empieza a quedar claro frente al avance de la obra, es que Cipriani está cumpliendo con lo prometido: después de que la demolición del viejo San Rafael dividiera a la sociedad puntaesteña y sembrara dudas sobre su renacimiento, hoy ese regreso, que muchos no creían posible, empieza a volverse visible.
Detrás del anuncio hay una biografía que se mezcla con el destino: Cipriani llegó por primera vez a Punta del Este en 1987 y décadas después adquirió el San Rafael por US$ 50 millones (diciembre de 2018). El emprendimiento ya supera los 600 trabajadores y, cuando funcione a pleno, la proyección de empleo supera el millar. El mega proyecto contempla tres torres residenciales; hoy se comercializa la torre del medio, de 45 pisos, con casi un 60% vendido.
La visita: entrar por fin donde antes había valla
Hubo un momento —breve, pero revelador— en que la visita cambió de naturaleza: entramos. Durante años, el San Rafael se miró desde afuera, detrás de una valla, como se mira una promesa que todavía no deja tocarse. Esta vez, el lugar apareció desde adentro con su verdad de hoy: estructura en progreso, sectores abiertos como un mapa y un ritmo de trabajo que no es decorado sino sistema.
En el centro del recorrido estuvo Giuseppe Cipriani, no como logo, sino como presencia. Se detuvo con el equipo, saludó a los trabajadores y siguió el avance con conocimiento de detalle, como quien revisa una maquinaria donde cada minuto pesa. En el tramo del casino se sumó un dato concreto: personal italiano especializado en tareas de encofrado, integrado a un plantel técnico de alta especialización, con procedimientos y control que se sienten en el orden del conjunto.
Del hormigón a la habitación modelo: el contraste como argumento
La construcción tiene su liturgia áspera: vibración metálica, cimentación que se pega a la ropa como si quisiera dejar constancia. Y, de pronto, el contraste: la habitación modelo ya terminada, lista para ser habitada como una prueba anticipada.


Picaportes con tacto de cuero, baños de mármol, maderas finas, herrajes silenciosos. En pocos metros, el pasaje de la materia cruda a las terminaciones definió la lógica del proyecto: el lujo, en versión Cipriani, no se impone con brillo; se instala con oficio, con exactitud, con esa elegancia que se nota porque no necesita alzar la voz.

El hombre que eligió Punta primero
Giuseppe Cipriani no llegó a Punta del Este con un proyecto bajo el brazo: llegó con el hábito de volver. Su primera visita fue en 1987. Cuando le preguntaron por qué Uruguay —y por qué Punta— su respuesta volvió a una idea central: estabilidad. Y desde esa base, una ambición concreta: elevar el destino hacia un nuevo estándar internacional de veraneante, turista y residente; un público más permanente, más exigente, acostumbrado a que el lujo sea una manera de estar, no un eslogan. Ese vínculo previo importa porque define el tono.

«Este emprendimiento no nace del azar ni de un anuncio; nace de una decisión sostenida en el tiempo y de una idea fija: hacer que un símbolo vuelva a existir sin quedar reducido a pieza de museo». – Giuseppe Cipriani
Venecia, 1931: la herencia como método
La historia de los Cipriani empieza lejos del Atlántico, en Venecia, en 1931, con un bar que convirtió lo simple en ceremonia: Harry’s Bar, abierto el 13 de mayo de 1931 por Giuseppe Cipriani (el abuelo). La visión que el universo Cipriani repite como credo es casi una sentencia: hacer lo simple de manera perfecta.
Ese legado se volvió cultura pop por dos creaciones que ya son patrimonio gastronómico: el Bellini (1948) y el carpaccio. Con los años, el bar se volvió leyenda; en 2001, Italia lo declaró hito nacional. Esa obsesión por el detalle viajó con el apellido. Y un día miró hacia Punta del Este.
San Rafael: crónica de un ícono que volvió del imaginario
Hay edificios que no se caen: se apagan. Primero se les apaga el rumor del hall, después el brillo del bar, y finalmente queda el silencio, que es el modo más cruel que tiene el tiempo de decir “hasta acá”. El San Rafael pasó años así, detenido en una pausa larga, como si el destino hubiera dejado el dedo sobre el botón de “espera”. Hasta que apareció un apellido que vive de otra clase de memoria: la que no se guarda en vitrinas, sino que se reconstruye.
Un hotel nacido para ser escenario

El San Rafael fue inaugurado el 11 de diciembre de 1948, sobre la rambla Lorenzo Batlle Pacheco, en la parada 11 de Playa Brava, con estilo Tudor y espíritu de época; el cuerpo central demandó tres años de construcción y fue diseñado por el arquitecto Octavio De Los Campos, inspirado en palacios europeos

Fue, durante décadas, un hotel y algo más: un sistema solar. En su órbita giraron cenas, bailes, veranos, orquestas, figuras y un salón célebre —Le Carroussel— que quedó en la memoria como una postal irrepetible.
- El deterioro: cuando un mito envejece en público
Luego vino lo que viene cuando un ícono queda sin oficio: la decadencia. Fachadas lúgubres, maderas expuestas, un aire fantasmagórico que no pertenece al glamour sino a la intemperie del abandono. Y entonces la ciudad se enfrentó a su dilema más emocional: conservar lo que queda o construir lo que falta. En Punta del Este, los lugares no son solo lugares: son parte de la biografía del destino.
- Abril de 2019: demoler para poder reconstruir
El 5 de abril de 2019 quedó marcado como inicio de la demolición del hotel y casino San Rafael para levantar una réplica del edificio original y desarrollar un gran emprendimiento de lujo. La discusión pública fue real y profunda: hubo quienes lo vivieron como un sacrilegio; otros lo defendieron como única vía para salvar la idea completa. Esa división no se maquilla: se narra.
La compra que cambia el destino quedó documentada: el Grupo Cipriani adquirió el ex San Rafael por US$ 50 millones (diciembre de 2018). Luego, en abril de 2019, comenzó la demolición del edificio original. Cipriani dijo que era un punto básico del acuerdo con la intendencia reconstruir el San Rafael “como era antes”, con los mismos ladrillos y “un poquito mejor”. Hubo preservacionistas, arquitectos y vecinos que resistieron la idea; y también quienes la defendieron como única salida viable: incluso se registraron recursos judiciales que frenaron momentáneamente las obras y reavivaron el debate patrimonial.
Dos tiempos: lo que abre primero y lo que completa el horizonte
La primera etapa —la que Cipriani ubica para fin de año, “en unos diez meses”— concentra lo esencial: la réplica del San Rafael funcionando como hotel, salón de eventos y casino de 5.000 m², además del Centro de Eventos y Convenciones, más el Cipriani Beach. Es el tramo que pone al complejo a respirar: hospitalidad, entretenimiento y playa desde el inicio.

Luego vendrá el perfil total: tres torres residenciales (30, 45 y 60 pisos). Hoy la referencia comercial está concentrada en una señal concreta: la torre del medio, de 45 pisos, con casi un 60% vendido.


Lo que se ve cuando se camina el sitio
Hay datos que se comprenden mejor cuando se pisan. En el recorrido se vio el proyecto en su idioma real: columnas, pilotes, sectores de hormigón ya terminado y áreas técnicas que rara vez entran en la conversación pública —salones de servicio y espacios bajo el nivel del mar—, donde se entiende que el lujo de superficie necesita una infraestructura silenciosa para sostenerlo.


Es entonces que aparece la señal más elocuente de la réplica: las paredes ya recubiertas con la nueva piel. No es un revoque: es una decisión. Más de 350.000 ladrillos hechos a mano, uno por uno, como si cada pieza tuviera una tarea doble: dar forma y devolver memoria. En esa piel se juega el gesto más difícil del emprendimiento: que lo nuevo no parezca disfraz, sino continuidad.

Empleo y ciudad: el movimiento visible
El presente también se mide en manos: el emprendimiento ya supera los 600 trabajadores y, cuando funcione a pleno, la proyección de empleo supera el millar. Esa escala modifica el clima: cuando una obra deja de ser idea y se vuelve movimiento real, la discusión simbólica convive con la conversación concreta del trabajo.


El sello: arquitectura e interiorismo con nombres propios
El proyecto lleva la marca del arquitecto uruguayo Rafael Viñoly y continúa hoy como legado dentro de su estudio su hijo Román Viñoly . En el universo interior, el diseño está en manos de un equipo donde se destaca Michele Bönan, junto a Hassen Balut, para construir una estética que no sea “decoración”, sino lenguaje de marca: materiales nobles, proporción, textura, silencio.


Locanda: el prólogo antes del gran San Rafael
Antes de que la primera etapa del nuevo San Rafael encienda su calendario, el universo Cipriani ya tenía un capítulo escrito en La Barra. Allí funcionó durante años el Mantra y, en ese mismo escenario, Cipriani sostuvo una presencia gastronómica: un restaurante con su sello, un anticipo —en escala menor— del método de la marca: servicio, ritmo, precisión.




El año pasado, ese lugar cambió de estado: Cipriani lo compró y lo transformó en Locanda, integrándolo de manera más directa a su mapa en Uruguay. Hoy, Locanda funciona como hotel y restaurante, y en paralelo se proyecta la concreción de una academia de formación gastronómica y de hospitalidad, pensada como parte del mismo estándar que luego deberá sostener el gran complejo del San Rafael. Es, con exactitud, una antesala operativa: un espacio donde la marca se practica mientras el gran escenario termina de construirse.
El recorrido
Hay recorridos que son solo caminatas. Y hay recorridos en los que uno avanza con dos paisajes al mismo tiempo: el que está, y el que ya se ve.


Giuseppe Cipriani nos llevó por el sitio como quien conduce una idea hacia su forma final. No mostró “un proyecto”: mostró etapas, ritmos, decisiones. Se detenía, señalaba, explicaba. Donde hoy hay obra, él ponía nombres y destino: aquí estará el casino de 5.000 m²; aquí el salón de eventos; aquí el hotel; aquí el pulso que va a encenderse hacia fin de año. Y entonces ocurre algo extraño —y muy concreto—: lo que está en construcción deja de ser solo construcción y pasa a ser relato.

En ese instante, los renders aparecen como una segunda capa sobre lo real. Uno mira encofrados, columnas, áreas técnicas bajo el nivel del mar; y al mismo tiempo ve la escena terminada superpuesta en la cabeza: la réplica con su nueva piel de ladrillos hechos a mano, los interiores ya en silencio, el gesto final de la marca. Esa fusión —la explicación en sitio + la imagen del futuro— fue la materia prima del video que acompaña esta nota: recorrido real + renders + vida dada con IA, no para maquillar nada, sino para traducir lo que se vive cuando el futuro está a diez meses y alguien te lo cuenta caminándolo.



San Rafael vuelve a alzarse: Legado y modernidad by Cipriani
Porque al final, el protagonista del recorrido no es el cemento ni el mármol: es el modo. Giuseppe Cipriani, ahí, guiando el renacimiento como quien sabe que el lujo no se declama: se construye.
Ver además: Cipriani Ocean Resort Club Residences & Casino – Punta del Este
Dirección: Rbla. Lorenzo Batlle Pacheco Pda. 11 Playa Brava
- +59842484743
- Como llegar
- Sitio web




